jueves, 24 de noviembre de 2016

De los escollos de la guerra:

De los escollos de la guerra
surgió la ceniza del llanto.
y de la chispa que dejo el fénix
se levanto la torre de la muerte
sobre cuatro columnas de cieno.
Por las pieles de los niños
se pagaron 4 monedas de plata.
Y por las dentaduras sonrientes de la juventud
se pago 20 rubíes de sangre
en el mercado negro de la angustia.
En medio de la plaza
un buey lame los cristales rotos.
Y un perro muerto duerme su propia putrefacción
Junto al fuego de una hoguera.
Con sus entrañas devoradas
por las larvas del silencio.
Y con sus ojos vacíos
sirviendo de nido a las polillas del tiempo.
De las fachadas cuelgan
hilos de tinta y manos de poetas.
Corazones que fueron arrancados de los enamorados.
Y los casquillos de las balas que se utilizaron
para fusilar al ángel de la paz.
Bajo los escombros que quedo tras el bombardeo
asoma una pata de paloma.
Y una boca abierta cuya mueca distorsionada
oculta un grito tan profundo y tan oscuro
como un pozo de amargura.
Un pecho recién cortado de mujer
y los brazos arrancados de un obrero.
En la ciudad del barro y de los huesos calcinados
se inauguró una estatua al miedo.
Una estatua cuyo rostro es el de una mascara anti gas.
Y cuyo cuerpo es el de un buitre
luciendo su esqueleto ante las hormigas del pueblo.
Y en aquel país que agoniza
un monumento al hambre se levanto
sobre decenas de estómagos rellenos de paja.
Y de las encías desgastadas
de roer la tierra apelmazada.
Un monumento que sera adorado
por aquellos que le rezan a la virgen campesina.
Buscando entre sus ojos
una lagrima que limpie los sembrados de muertos.
Y haga crecer el árbol del pan.
Ya tocan las campanas anunciando la hora
del rosario de los dientes de leche.
Y el ángelus de las viudas.
Y alrededor de la hoguera que se prendió en 1936.
Sobrevuelan los cuervos de la muerte.
Devorando vivo al fénix de la esperanza.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Testamento:

Quiero por voluntad propia
llevar los ojos vendados,ante el pelotón de la negra angustia.
Tener mis manos atadas, con la cadena de mis libertades.
Y mi sentir siendo un pájaro cantor fuera de mi pecho.
Quiero escribir con mi sangre un poema en las ramas de los arboles.
Y dejar mis huellas sobre un camino
de corazones que laten,con ritmos de campanas roncas.
Quiero alzar mi voz entre los muros
perforados por los puñetazos metálicos de las balas.
Desgarrar mi garganta en un canto amargo de violencia.
Y cortar con mis lagrimas,la fina piel de los montes.
En cuyas entrañas se ocultan los muertos,
con números de ceniza marcados sobre la frente.
Quiero hacer un testamento de sonrisa y esperanzas.
Y firmarlo con la ultima gota de mi sangre
Sobre este cerro en donde destrozare mi cuerpo,
En una lucha de rosas y martillos.
Donde caminare ciega por los senderos del llanto
Mientras afiladas bayonetas acarician los lunares de mi espalda.
Y en donde mis huesos,
se abrirán como pétalos de camelias ocultas bajo la nieve.

Quiero por voluntad propia. Y ante la muerte misma como testigo.
Que mi nombre propio no signifique nada.
Que mi nombre sea cambiado por el de todos los muertos de España.
Por el de todos los desaparecidos en el laberinto de las pieles.
Y por el de los que se ahogaron en un mar de sangre.
Porque yo...No soy mas que una voz perdida,Entre miles de voces.
Una voz que añora un mañana ya escrito.
Pero que se divisa difuso. En la lejanía del tiempo y de la historia.
Una voz que oculta en su propio eco
La palabra libertad. Como un un ruiseñor entre los dientes.
Ruiseñor.Todo manchado de alquitrán y sangre.
Ruiseñor.Que ya no canta con un cascabel de fina lluvia.
Sino con sonidos roncos de metralla,
Quiero que el pelotón apunte directamente a mi boca.
Y a mi pluma de poeta.
Pues sera la única forma de matarme.
Pues de mi corazón herido saldrá...Uno mas.  Y dos....Y tres.
Y yo muerta y cien veces muerta. Recordare el nombre propio de la paloma.
Y el de los hijos que bautice en medio de mis sueños,
con la silaba de los ángeles. Y que ya no tenderé.


Porque yo misma. He decido entregarme voluntariamente
a mis verdugos. Yo misma he decidido ser,
Una brizna de hierba. En un prado de ojos y corazones verdes.
Yo misma...¡Si! yo misma..
Y no quiero ser,ni santa,ni mártir.
Tan solo...un alma libre que rompa la barrera del tiempo con mis latidos.
Un alma que pueda ver un futuro donde,
las manecillas del reloj no recuerden la fatídica hora del llanto.
Aunque para viajar a ese cercano pasado. Y a la vez lejano futuro.
Tenga que comprar un billete con destino 1980 Impreso en una de sus caras.
Cuyo precio de ese billete sea ¡¡Mi vida!!

jueves, 18 de agosto de 2016

Redada:


Con sus coces de acero llamaron a la puerta.
Desde el otro lado de la casa,
Un niño llora desgarrando su garganta
en un millón de diminutas campanas.
Y un manojo de estorninos de cristal
fluyeron de sus lágrimas.
Las ancianas en el comedor van tejiendo las angustias
con afiladas manecillas de reloj.
En la habitación solloza una adolescente
con el corazón entre las manos.
Y un silencio de plomo resonó entre las paredes muertas,

Con sus coces de acero atravesaron la piel de la madera,
Y como bestias negras entraron
Rompiendo los jarrones y las macetas.
Mordieron con sus dientes de caucho
la frente del perro que ladra con amapolas en la boca.
a su paso fueron dejando huellas de negra muerte
y corazones deshojados.
En un rincón oscuro,se vuelve estatua viva el niño.
Congelado por sus lágrimas.
Al ver como su hermana dejaba de ser niña
Y se convertía en una mariposa ensangrentada.
El niño con la palma de su mano limpiaba
los restos de la angustia que dejo su hermana
sobre la blanca sabana.
Las seis bestias reían  mientras lamían
con sus lenguas de acero
el vientre de la doncella deshonrada.

Seis bestias entraron,en la habitación donde se ahoga el llanto.
Y con sus duras astas negras atravesaron las paredes
donde se ocultan corazones, cuyos latidos suenan
como tambores de ceniza en un pecho calcinado.
Seis bestias que arañaron con sus uñas de metal,
Las entrañas del perro que ladraba con amapolas en su boca.
Y que  ahora guarda en su garganta,
el duro espino de la muerte clavado en sus encías.
Seis bestias,que fueron seis hombres todos con charol negro.
Todos con martillos de fuego,golpeando los cráneos
y las sienes de los viejos.

En la oscura cocina. Iluminada tan solo
por el reflejo temeroso de la luna a través de las rendijas.
la mitad de las mujeres rezan plegarias
a un rosario de secas lágrimas.
Un rosario cuya cruz son dos gotas de sangre entrelazadas.
Y cuyo cristo llevas por clavos,
Las yuntas de los bueyes y los aperos de labranza.
Mientras las otras seguían tejiendo sus angustias,
con las afiladas manecillas del reloj.
De aquel reloj que fue testigo mudo
de la quema de poemas.
De la sangre goteando por la bandera.
Y del retrato de Azaña que agonizaba en el suelo
con la  frente perforada.

En medio del silencio seis campanadas sonaron.
Como seis gritos enquistados.
Y las bestias del asta negra salieron de la casa
dejando su huella de caliente plomo
marcada sobre el suelo de terrazo.
Marcada sobre la piel,y sobre los huesos.
Sobre las blancas paredes,y sobre el pozo blanco.
Y un rastro de sangre fluyendo por las escaleras que daban al patio.
Seis fueron las bestias que entraron a desuello.
Seis los fueron los muertos.
Y seis las campanas de sangre que sonaron
aquel instante funesto.
En el que miedo con sus coces de acero
llamo por primera vez a la puerta,
Y el tiempo se ahogo en su propio silencio.

viernes, 15 de julio de 2016

Poema de un combatiente del Ebro a su hijo:

Hijo mío. Tus ojos no vieron,
Las bestias de acero,
Dando coces contra las mandíbulas de los niños.
Ni la lluvia de azufre,
Cayendo a plomo sobre los campos.
Como tábanos enfurecidos.

Pero mis ojos cansados de haber estado
Tres años despiertos.
Vieron el rostro de la muerte oculto tras su esbozo negro.
Y a las escuadras de la oscura sombra,
Cercenar pupilas con espadas afiladas por el miedo.
A las sombras caminantes con sus botas de charol
Dejar sus huellas sobre los muertos
Y a los casquillos de las balas morder
 La nuca de los poetas y de los obreros.

Tus manos hijo mío.
Jamás se mancharan con el barro
Ni con la sangre. Ni tendrán las uñas levantadas
De arañar la piel de la miseria.
Que oculta debajo un esqueleto de una mula
Y un burro putrefacto.
Por qué tus manos están limpias.
Limpias de haber sido lavadas en el caño puro de tu infancia

Las mías sin embargo han enterrado miles de muertos
En el cementerio del olvido.
Y son dos palomas disecadas con el pecho atravesado
Por los clavos que antaño rompieron,
La piel de la mano de Jesucristo.

Ríe, Sangre de mi sangre.
Ríe mostrando al mundo la mariposa blanca
Que anida entre tus dientes.
Ríe. Con carcajadas que rompan el aire.
Ríe. Con mil cascabeles de alegría.
Con mil ruiseñores dentro de tus encías.
Que tu alegría me da alas. Me hace tocar el cielo.
Mi corazón lleno de arena late,
Con la fuerza con la que aletea el colibrí de tu pecho.

Porque tú eres la libertad. La libertad del pueblo.
Mirlo blanco de espuma. Caballito de vapor
Atravesando al galope las extensas praderas del tiempo.
Ríe ¡hijo mío! Por qué has nacido
Sin el yugo que te impida levantar la vista hacia el cielo.
Libre de grilletes y de cadenas.
Libre y con la mirada puesta en el futuro.
Un futuro que se divisa incierto, Pero que está lejos.
Muy lejos de la guadaña de la muerte.
Y de su manto negro.

Antes de morir hijo mío.
Gritare tu nombre con toda la fuerza de mi alma.
Para que todos sepan que morí con tu recuerdo
Entre mis labios. Labios que son dos lirios ensangrentados.
Que se marchitan y se consumen,
En medio de un campo de batalla donde mi cuerpo
Será devorado lentamente por las hormigas caníbales del silencio,
Hasta que de mí no quede...

Más que un eco lejano entre los muros del viento.

jueves, 4 de febrero de 2016

Llanto en Rio Tinto (Huelva 1888)

Como fluía la tierra y la sangre
por las calles de Huelva.
¡Mirar como fluía la tierra y la sangre!
Por toda la Andalucía minera.

Como fluía como en un torrente salvaje.
Como fluía¡ay! por los pechos y costillares.
Como fluía tiñendo de rojo. Rojo sangre el paisaje.

Veinte truenos resonaron en medio de la plaza.
Como veinte rugidos, de veintes bestias de escarcha.
Bestias con la garganta rota,de tanto gritar al alba.
Veinte truenos. Que cortaron como navajas oxidadas.

Por todas partes gemían los fusiles
como aullidos de un perro de lumbre y plata.
¡Ay! como tronaban los gatillos,
por los rincones de las calles encaladas.

Por tus calles la muerte como un relámpago pasa.
Por tus calles resuena repicar de campanas.
Por tus calles Río Tinto.Por tus calles
Por tus calles el silencio se clava en el alma,
Como un puñal en el pecho,como una espina en la garganta.

Y toda Huelva fue un solo grito.
Toda Huelva fue un solo llanto.
Toda Huelva fue gimiendo entre sus montes
con sollozos entre cortados.

jueves, 15 de octubre de 2015

http://www.ivoox.com/la-ilusion-todos-14-10-15-al-norte-de-las-audios-mp3_rf_8986760_1.html

martes, 13 de octubre de 2015

Con el corazón anclado a la tierra(Elegía a Miguel Hernandez)

Hijo de una España que se devora asimisma.
Que bebe de su sangre,pues su sangre esta viva.
Que tiene la piel levantada por las yuntas de los bueyes,
Y por las astas mecánicas de los toros de azufre.
Que late con el corazón fuera del pecho.
Y que grita con las entrañas desgarradas
por la afilada cuchillada del hambre.
De una España que se consume en su propio esqueleto de barro.
Y que agoniza en su propio pulmón de hierro.
Una España que tiene sus ojos abiertos.
y son unos ojos, en cuyos iris se refleja
la calavera a medio descarnar de un caballo.
Unos ojos fijos,que miran como ojos de muerto.
Donde el campo antes verde y vivo.
Ahora es un campo santo.
Un campo lleno de flores cuyos tallos son de marfil.
y de arboles cuyos frutos son dedos.
Que vistes el rostro desfigurado de la miseria.
Tu que eras mas de la tierra,que la propia tierra
que pisabas con tus alpargatas.
Y en donde dejaste gravada a fuego tu huella.
Hijo de una España herida en su alma y en sus huesos.
Una España que ya no es, sino de la carcoma.su árbol.
De la pezuña.su caballo.Y del niño.su llanto.
Miguel hasta no hace mucho tiempo te llamabas.
Así te recuerdan los que te conocieron:
Tu amigo Vicente con sus ojos bañados por la luna.
Federico, cuyo cuerpo es un jardín de amapolas
y en cuya sangre seca, brota ahora cabezas de paloma.
El Joven Antonio Buero. que te pinto el alma
y el alma de tu cautiverio.
Y Pablo con su voz de humo que serpentea.
Ahora poesía te llamas.
Poesía que palpita,que vive,que sangra.
Poesía que sabe a tierra.
Y es una tierra suave y mojada.
Tu muerte que es una muerte callada.
Alza su voz ahora, una voz que rompe las paredes
que perfora las gargantas.
Una muerte que dejo abiertos, tus ojos verdes y eternos.
viendo en el infinito la cara de tu hijo.
Miguel, sangre ,poeta. hijo de una España que se desmiembra.
Descansa con tus huesos al aire, y con el alma en la tierra.
Descansa como alcanzado por un rayo.
Rayo vibrante, rayo que no cesa.
Siendo viento de tu pueblo.y niño de Orihuela.