lunes, 24 de mayo de 2010

EL OTRO LADO - Ricardo Bórnez


Ya sé que te gusta llegar a casa

y verlo todo arreglado,

todo limpio y en su sitio,

que tengo todo el día para hacerlo,

que buscas cualquier escusa

para hacerme la prueba del algodón.

Sabes que dejé de hacerlo

como acto último de rebeldía;

recurso del pataleo

que no sirvió en 31 años;

solo cuando una vez te dije que me iba

destensaste la cuerda,

pero cuando viste el resultado

todo fue nada.

Sabes que intento vivir

a pesar de lo que me cuesta cada día,

hablar, relacionarme,

aunque sea por internet;

dedicarme tiempo.

No sabes

que cuando llegas

me quedo en el salón

con los nervios a flor de piel

porque no sé cómo llegarás;

si buscaras una excusa para montármela

o me hablaras con palabras cariñosas.

Así poco a poco

he ido dejando que el silencio habite

esta cárcel que fue nuestro hogar,

preguntándome que hago aquí,

por qué no me fui cuando pude,

dejando que la amargura se apoye en nuestra almohada,

aceptando que nuestro hijo me chulee

con tu aquiescencia

por no perder su cariño

mientras yo le sufro

viendo como malgasta su vida

viviendo como un señorito

mientras le pagas sus gastos que no se gana

ni ayudándome en la casa

-es tu proyecto, ya lo sé, yo nunca conté

en él a pesar de tus palabras-.

Sé que me quieres,

supongo que yo también

también te quiero,

pero cada día se me hace más difícil.

Que aquello de hablarlo todo

es una mentira de base

porque solo quieres saber lo mío

y lo tuyo te lo guardas.

Ojalá me saliera un trabajo

porque sé que temes

mi independencia económica;

yo no pedí ser un parado

y que tu fueras la que traes el dinero a casa.

Y muchas veces pienso

por qué extraña razón

no pongo un fin definitivo

a todo este montaje

de cartón piedra.